El reto fue asumido y hoy se le puede llamar maestra. En ese auditorio gélido pero abrigada por sus lectores, profesores, familia y amigos, defendió su tesis como sólo ella puede hacerlo. El Diablo Guardían fue el custodio de sus ideas y sustentos, lo que le permitió convertirse en la dueña única de Xavier Velazco (cosa que no le desagradó).
Fue muy bueno verla feliz, verla libre, verla sin la necesidad de volver a sentarse en aquel lugar que fuera su refugio y altar para poder analizar desde la modernidad, postmodernidad e hipermodernidad el hedonismo y la subversividad religiosa de Violetta y Pig.
¡Felicidades mi ahora maestra! Gracias por enseñarme la determinación y el esfuerzo de una gran mujer y gracias por compartir conmigo los altares de una vida.
1 comentario:
Te quiero.
(Lloré mucho jaja)
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