Hoy vuelvo a mi cotidianeidad, la oficina está algo enpolvada y para entrar al campus nos reciben galones de gel con alcohol para aprovechar en desinfectar las manos al ingresar. La platica en todos lados es sobre la veracidad del virus que invadió a este país. La gran mayoría de las personas con las que he platicado no se tragan el cuento de haber estado en una crisis sanitaria de grandes magnitudes que podría terminar con un número importante de la población del mundo.
El sustento a este maquiavelico plan corre por los correos electrónicos, todo es una cortina de humano para permitir la aprobación de leyes y el pretexto perfecto para adquirir deuda. Así de sencillo, en este país un legislador pudo llegar el martes con una ley bajo la manga totalmente desconocida y aprobarse en ese mismo día por la mayoría de todos los partidos... entonces ¿por qué las otras leyes no se aprueban con esa misma facilidad? ¿por qué tardan semanas discutiendolas y debatiendolas? Y del prestamo que nos hace el FMI no hablar pero revisando las notas al respecto me encontré que la aprobación por parte del organismo mundial había sido aprobado dos semanas antes de iniciada la contigencia en México.
Aunque por otro lado me doy cuenta que el manejo de la información es un detalle en el Gobierno, quizá deberían de ordenar primero sus número y hacer más claro el manejo de los mismos para que todos los mexicanos podamos entenderlos. Que se acuerden que nuestro sistema educativo no es de los grandes del mundo y a casi todos los mexicanos los números nos confunden e incluso hasta nos invitan a evitarlos. Al final que no fueron 159 los muertos, esos eran sólo sospechozos y que sólo 42 estan confirmados de morir por causa del A-H1N1. Que las medidas de mitigación social que aplicaron han surtido sus efectos al ir reduciendo día con día el número de nuevos posibles infectados. Pero aún no se puede cantar victoria hasta que pasen 15 días sin un nuevo brote en algún mexicano.
Total que terminó todo siendo para algunos días de encierro y cuidado, para otros días de descanso en el que se aprovecharon para ir a la playa.
Al final sólo me queda claro que la gran mayoría de los mexicanos no tienen su confianza en los medios de comunicación y tampoco en su gobierno.
Pero entonces ¿por qué no se creen la existencia de un posible virus entre nosotros y sí creen que las elecciones presidenciales de 2006 fueron limpias y equitativas?
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